Estábamos soñando esos días,
imaginamos que danzábamos como libélulas en noches húmedas,
en ese mar que nos envuelve en las mañanas con una melodía de cajita musical
suave como una tarde de otoño.
imaginamos el amanecer sentados, arrancándonos las historias de ayer en bellavista
con la mente un poco confundida...
sentíamos el puerto en nuestros brazos, con el futuro en los dedos como si estuviéramos destinados a la estupidez colectiva.
Somos las vibraciones de las palmas de nuestras manos,
y caminamos sobre los cerros coloridos,
de un Valparaíso hoy sumiso, conciso, baldío...
de mentes rotas con los recuerdos de antaño,
de generaciones olvidadas.
hoy quedan las fotografías simuladas,
-pasajes pintados- para verlos y no sentirlos.
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